Mientras pasa Cristóbal, -la tormenta tropical que visita el
país- pensaba en el tiempo, pero no en el meteorológico sino en el que pasa
escabullido e inadvertido. Ayer hablaba con alguien sobre las relaciones largas,
y me decía:
-“Los años suelen
parecer muchos para el que ve la relación desde fuera. Cinco u ocho años de
entrega no es nada para quienes lo viven”.
La
lluvia y otras cosas me recuerdan que ha pasado un año, no tan rápido como
esperaba ni tan esporádico. Pasó un año lleno de sonrisas y encantos, de emoción
e ilusión. De la misma emoción que te da comer algodón dulce o palomitas de
maíz, cocinar tocineta o tocar un moriviví. Todas desvanecen.
Un
tiempo de mucho y de todo. Un año de espera y un año de nada. Atrapada en una espuma
que no me deja sacarte ni dejar a otros entrar. Pero como dicen: donde no se puede amar hay que pasar de largo.
T.A.